miércoles, 3 de agosto de 2011

Las palabras, al servicio de la política

Foto: Diarios de Arcadi Espada


No ha sido ni por la mayoría de progreso ni por la estabilidad, meras excusas, sino por la adherencia al axioma zapateril: "las palabras han de estar al servicio de la política y no la política al servicio de las palabras".

Las palabras como formas para construir ideas no sirven para nada, se han quedado obsoletas. Ni crean absolutos en los que cimentar una conducta ética ni combaten eficazmente esas formas de hacer política de las que tanto se lamentaba nuestro futuro Concejal de Cultura de que pusiera en práctica su ahora compañero de gobierno. Es la mayor y peor herencia que nos lega El Adolescente, muy por encima de la miseria económica: el triunfo del relativismo como filosofía del comportamiento.

(Coda: "Todo es sumar y restar, lo demás es conversación". John Garfield, en El poder del mal, dirigida por Abraham Polonsky, 1948).

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