

No, no, no estoy hablando de las penalidades que tenemos que sufrir los tarugos -y los que no lo son- para aparcar en nuestro querido pueblo, sino de que habrá algo más de granito del que en un principio pensaba en el acerado de la Calle Cervantes. Al final, doble fila, como en el de la Avenida Marcos Redondo.
Como la raya diplomática, debe ser que las líneas paralelas se han puesto otra vez de moda.
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