
Por lo que he podido experimentar y por lo que he llegado a informarme, el taller infantil de magia ha sido una de las actividades más provechosas de esta segunda edición del Periscopia. Ver las caras de asombro de los críos ante algo que, por la pericia del mago Shenodini, consideran imposible es un placer mayúsculo. Qué lástima da el tener la certeza de que alguno de ellos, sin haber perdido aún la inocencia, se dejará embaucar por otros magos más trileros que volverán lo blanco negro sin ningún escrúpulo en nombre de la sufrida y prostituida democracia.

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