
Lo que ha dicho Felipe -los dioses no tienen apellidos- sobre la legalización de las drogas lo han dicho otros muchos mucho antes -sobre todo desde perspectivas liberales-, y como sostiene Espada, es razonable y discutible.
Algunos argumentarán que el Señor de la erótica hace tal concesión motivado por el índice de criminalidad asociado al narcotráfico en México, que se decanta por un mal menor; pero lo que vale para uno también vale para los demás: criminalidad y narcotráfico van ligados en todos los confines de este mundo.
Lo que no admite discusión es la contradicción entre lo que postula el Dios del partido y las políticas sobre salud pública puestas en práctica o aconsejadas por sus fieles creyentes aquí en la tierra, lo que nos debe hacer pensar o que los creyentes se han hecho ateos o el Dios no era tan omnipotente como pensábamos.
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