
La fotografía de cabecera fue tomada a las cuatro de la tarde de ayer. A esa hora, muy poca gente había en la feria y, por descontado, no existía ningún problema para aparcar. Rondando las diez de la noche, un feriante se quejaba amargamente, altavoz mediante, de que no iba a poder pagar las trampas ni grandes...ni chicas. Cuatro papelillas mal contadas yacían en el suelo de una de las tómbolas mientras el speaker deambulaba de un lado para otro largando la retahíla sin convencimiento alguno.
Miércoles de feria: o no hay gente o no hay perras. O las dos cosas.
Esperemos que la cosa mejore, aunque estas lluvias de última hora no hagan presagiar sino lo contrario.
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