
Es indiscutible que el plano, con sus líneas rectas y curvas, con sus leyendas y omisiones, se ha convertido de facto en elemento cotidiano en la vida del tarugo. Es por un plano que andan de cachondeo en la internete a causa del galimatías visual que supone la plasmación en dos dimensiones del Plan de ordenación del tráfico elaborado por los que ahora nos gobiernan debido a las obras que han levantado como si fueran viagra buena parte de las calles de nuestro pueblo.
Que no se enteran, dicen los que lo ven mientras el jolgorio aumenta. Y yo digo: Coño, ¡cómo se van a enterar con tanto amarillo, tanta flecha negra y tanta alineación en tono grueso roja y verde! Si los planos en los que todo parecía evidente y bien ordenado y alineado no los han sabido o querido entender, ¿van a comprender y aprender a orientarse ahora en este laberinto?
Dicho lo cual, habrá que decir algo parecido a lo que le respondió Churchill a aquella parlamentaria tan fea que lo calificó de borracho: Que el laberinto amarillo, con el tiempo, será olvidado totalmente mientras que el otro ha pasado ya, desgraciadamente, a la Historia de este nuestro querido pueblo y será recordado con asombro, indignación y dolor por todas las generaciones futuras.

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