
Estamos -sí, lo estamos- en campaña electoral y cualquier cosa vale para rascar unos cuantos votos. Digo yo que lo mismo es, que igual da, intentar convencer a un inmigrante prometiéndole trabajo y hogar que hacerlo con un empresario autóctono asegurándole que va a cambiar su suerte. O, mismamente, con un obrero. De todas formas, no voy a perder mucho el tiempo con estos enjuagues, pues ya escribí de este particular en junio del 2009. En Plaza Pública


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