


Serían las doce o doce y media del mediodía cuando, tras recoger la prensa, me acerqué dando un paseo antes de volver a casa por la caseta del tren para ver cómo andaban los de Piedra y Cal con sus migas tostás. Quería mostrarles mi apoyo a su protesta y excusar mi asistencia ya que otros compromisos me la imposibilitaban. Cuando llegué, no había nadie, era demasiado temprano. Me encontré, eso sí, la leña apilada muy cerquita de la casa y una muy buena sorpresa: alguien, por fin, había colocado un candado en la cancela metálica dispuesta sobre el pozo evitando con ello posibles sucesos indeseados e indeseables.
Dice el refrán que niño que no llora teta que no mama. Por eso creo que el destino de la caseta va a ser feliz. Hay que seguir llorando, pues (y pataleando si hace falta).
Ah, ay, ¡la tremenda importancia de la sociedad civil!
P.D.1: Imágenes del acto reivindicativo de Piedra y Cal, aquí y aquí.
P.D.2: Y si quiere ver más fotos y hasta un vídeo con la lectura del Manifiesto pinche aquí.
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