
Los viejos rockandrolleros pensaban que podían darle la vuelta al mundo como quien se la da a un calcetín. Se equivocaron, no hace falta repetirlo, pero, sin llegar a tanto, el rockandroll sí que ha servido para cambiar aunque sea un poquito a la sociedad capitalista en la que se encuentra insertado. ¿O ha sido al revés?
La respuesta a esta pregunta quizás se encuentre contenida entre las páginas de esta tesis doctoral. Para que luego Finkielkraut diga que el rockandroll no es cultura.
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