martes, 1 de marzo de 2011

A 110 km/h

Envidia me dan los alemanes




Comprose mi padre un coche que, según decían los comerciales de la marca, era ideal para conducir bien, el propio para enseñar a los inexpertos el noble arte del automovilismo. Un Fiat Tipo de esos de cuadro de mandos digital que disponía de dos testigos ópticos que tenían por misión señalizar cuándo la conducción era moderada en cuanto a gasto de combustible y cuándo derrochadora. Debo decir en honor a la verdad que el antieconómico chivato, que creo recordar era de color naranja, cumplió con eficiencia no pocas veces su cometido, pero no debo callar que si bien es cierto por que encima de 120 kilómetros/hora no paraba de encenderse, lo mismo hacía tanto a 10 como a 20 ó 30 kilómetros/hora si la conducción no era la marcada por la ortodoxa relación marcha/número de revoluciones.

Escribo esto ya que de manera improvisada a nuestro des-Gobierno de la Nación le ha dado por disminuir el límite de velocidad permitido hasta los 110 kilómetros/hora con intención ahorrativa -ahora que con la crisis libia el petróleo está por la estratosfera y nuestro sistema energético es más deficiente que la transparencia mostrada por el Gobierno de Griñan en el asunto de Mercasevilla y los ERES solidarios- como si sólo hubiera que atender a criterios cinéticos a la hora de promover el ahorro de combustible.


Dicho lo cual, todo puede ser que este pegatinoso asunto sirva de poco, pues mientras conspicuos miembros del Gobierno Zeta-zen no se ponen de acuerdo entre ellos -suele pasar cuando se obvian los criterios científicos y se tira por la calle de la propaganda y la ignorancia-, los expertos sostienen que la minoración sólo nos va a suponer un ahorro del 3% en el gasto energético a la vez que posiblemente las multas aumenten de manera exponencial.

P.D.: Por el bien de todos, espero que esto que escribo no lo lea nadie cercano al des-Gobierno Zeta-zen y se lo chive al ministro Sebastián, el de las bombillas de mercurio. Vaya a ser que, mutatis mutandi, aprueben una ley con el habitual chantajista apoyo nacionalista en la que se consigne que todos los coches incorporen sistemas de detección antipatriotas y nos casquen una multa de tres mil pares de gónadas masculinas cada vez que nos saltemos la recomendación tan sólo un par de veces.

P.D.2: De Libertad, ni hablo, vaya alguien a reconocerme amigo íntimo de Bakunin.

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